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Hábitos que le dan una mala reputación en el trabajo

Ciertas actitudes son perjudiciales para cualquier empleo porque comprometen la eficiencia del trabajo e incluso arriesgan los puestos de las personas. Estas acciones suelen ser recurrentes en muchos lugares y definitivamente no son cosas que no se puedan evitar.

Retrasos frecuentes.

Llegar constantemente tarde al trabajo, a las reuniones y en general, a cualquier lugar, genera una mala impresión en los jefes y colegas que se quedan esperando o que incluso llegan a realizar más trabajo por cubrir a los que llegan tarde.

Dejar las cosas para después.

Posponer una tarea difícil nunca es una buena solución. Si tus compañeros y superiores te preguntan por un trabajo y éste nunca está listo a tiempo, tu imagen se verá dañada e incluso se consideraría seriamente prescindir de ti. 

Quejas.

Quejarse o señalar con el dedo a los demás es una razón importante por la que se puede generar mucha tensión en el trabajo. Una persona conflictiva suele terminar aislada del resto y esto afecta considerablemente la productividad del personal, porque el trabajo en equipo es fundamental para cumplir los objetivos planteados.

No ayudar a los demás.

Negarse a ayudar a los demás o a proporcionar información, fácilmente te incluye en una lista negra, no sólo para las personas a las que les niegas la ayuda, sino también para cualquier otro colega que vea en ti a alguien poco accesible. Los jefes también se incluyen, porque esto les demuestra que estás más preocupado por tu posición que por el bien de la empresa en general.

No ser proactivo.

Esto sucede cuando te niegas a realizar nuevas tareas porque crees que no está dentro de tu competencia. La reputación en este caso se ve seriamente perjudicada porque un empleado de este tipo puede ser reemplazado fácilmente por alguien con más ganas de trabajar, incluso aunque tenga menos experiencia o conocimientos.