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Habilidades Prácticas Para Construir Resiliencia En Niños Y Adolescentes

El estrés y la ansiedad excesivos causan mucho dolor tanto a los niños como a los padres y pueden provocar una amplia gama de problemas…

Desde pensamientos preocupantes hasta problemas de sueño…

Evitar la escuela, los deportes u otras actividades…

Dificultad para concentrarse y aprender…

…y a veces incluso síntomas físicos como fatiga, mareos, malestar estomacal o vómitos…

Y lo que es más, si no se abordan los problemas subyacentes, las cosas pueden empeorar con el tiempo…

De hecho, aproximadamente la mitad de los trastornos mentales comienzan antes de los 14 años.

Por eso la intervención temprana es vital.

Pero la buena noticia es que la resiliencia ayuda a los niños a enfrentarse al estrés y a superar los retos cotidianos.

¿Y lo mejor?

La resiliencia puede potenciarse enseñando a los niños habilidades prácticas.

Por ejemplo, habilidades que les ayuden a

  • afrontar la adversidad
  • reconocer y cambiar los pensamientos inútiles
  • resolver problemas de forma autónoma
  • replantear los contratiempos como oportunidades de crecimiento y mejora
  • liberarse del «bucle de la preocupación».
  • comprender y regular las emociones
  • expresar sus sentimientos
  • entender cómo se sienten los demás
  • reducir la ira, la frustración y los conflictos
  • gestionar las interacciones sociales difíciles

Las investigaciones demuestran que los niños con estas habilidades rinden más, se sienten más en control y están menos estresados.

Y estas habilidades no son «soluciones rápidas»…

Más bien, son «habilidades para la vida» que siguen siendo relevantes y eficaces durante la adolescencia y la edad adulta.

Los expertos de Elea recomiendan un programa o tratamiento centrado en la resiliencia.

Dicho programa debe ser impartido de forma individual por psicólogos infantiles experimentados y se debe adaptar cuidadosamente a las necesidades de cada niño.

¿En qué cuestiones les puede beneficiar?

  • Desafíos emocionales como la ansiedad y la preocupación, el comportamiento enojado o difícil y el dolor o la depresión
  • Retos sociales como problemas de amistad, acoso escolar o interacciones sociales difíciles
  • Problemas de aprendizaje, como habilidades de estudio y de examen, organización y planificación, motivación y establecimiento de objetivos.